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Posts Tagged ‘teoría científica’

Parece totalmente desmesurada la cantidad de discusiones que giran en torno a “pruebas” de la existencia o inexistencia de un dios sobrenatural. Sin embargo, este es un asunto que no puede ser abordado desde un punto de vista racional y mucho menos científico.

Dios cae fuera del campo de estudio de cualquier ciencia, por mucho que algunos institutos y centros religiosos se empeñen en denominarse “Centro X de Ciencias Religiosas”. No es que en ciencia un dios no pueda ser aceptado, el concepto es diferente: no puede ser abordado. Es decir, racional y experimentalmente, no podemos demostrar de ninguna manera ni la existencia ni la inexistencia de un dios sobrenatural.

El motivo es de puro método. Cualquier disciplina científica se basa -siendo muy reduccionista- en establecer hipótesis sobre hechos observados. Estas hipótesis tienen que poder ser comprobadas o rechazadas mediante algún tipo de experimento u observación inequívoca. Y aquí entra la lógica: no podemos establecer una hipótesis ambígua, debe poderse contrastar.

Pongamos un ejemplo: la hipótesis “El Homo sapiens surgió hace 250.000 años en África”, puede ser invalidada si se encuentra un fósil humano de una fecha anterior fuera del continente africano. Por el contrario, la hipótesis “El Homo sapiens habitaba América del sur hace 15.000 años” puede ser comprobada mediante el hallazgo de restos humanos de esa antigüedad. Aún sin una prueba definitiva, si pasa el tiempo sin encontrar fósiles de más de 250.000 años en ningún lugar del planeta o de 15.000 en América del sur, la primera hipótesis va tomando fuerza mientras que la segunda la va perdiendo. En este último caso, la validación de otras hipótesis relacionadas, por ejemplo “habrá un mayor número de especies de homínidos primitivas en África que en Europa o Asia”, contribuirán a dar aún más peso. Progresando en este camino, podremos llegar a esteblecer toda una teoría sobre el origen de la humanidad, en la cual se irán aceptando inequívocamente (y por lo tanto convirtiéndose en hechos) o rechazando las distintas hipótesis que la forman, las cualesirán modificando a su vez la teoría general.

Sin embargo, la hipótesis “Una nave extraterrestre estuvo en la órbita de Júpiter en el siglo XII pero desapareció sin dejar rastro” no puede ser ni confirmada ni rechazada de ninguna manera, por lo que no podemos trabajar con ella mediante un método experimental. No podemos darle mayor o menor peso por mucho tiempo que pase, ni podemos apoyarla o recelar por medio de hipótesis relacionadas. Así pues, podemos abordar científicamente el estudio del origen del hombre, pero no de la existencia de una nave espacial en la órbita de Júpiter durante el siglo XII.

Desprendiéndose de todo esto, no podemos mezclar cosas demostradas o rechazadas mediante el método experimental con otro tipo de metología. A nadie se le ocurriría decir “la velocidad de la luz no es de 300.000 km/s porque a mí no me gusta el número 3, yo creo que es 5000.000 km/s, porque el 5 es mi número favorito”. Cualquier persona se reiría con ganas de tal argumento, pero por el contrario, no todas lo hacen cuando el objeto no es un número, sino una creencia sobrenatural.

Y esto último es lo que ocurre con la supuesta existencia de un dios. No podemos establecer ninguna hipóteis que pueda ser comprobada o rechazada, ni siquiera que vaya adquiriendo fuerza con la no validación a través de los años o de otras colaterales. Por lógica consecuencia, no podemos utilizar un argumento no científico como éste para invalidar otro contrastado experimentalmente. Frases como “la evolución no existe porque mi dios lo dice” resultan totalmente absurdas e irracionales, y llevan a situaciones tan esperpénticas como negar los métodos de datación, la existencia de fósiles de homínidos o la producción de mutaciones beneficiosas.

Aunque claro, puedo equivocado y esta humilde opinión ser invalidada:  ¿a alquien se le ocurre una hipótesis o serie de hipótesis contrastables que puedan probar o rechazar categóricamente la existencia de un dios sobrenatural? Eso destrozaría todo mi argumento.

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Dentro de los procesos evolutivos, llamamos microevolución a las pequeñas alteraciones que se dan en una población y que se deben, fundamentalmente, a cambios en sus frecuencias alélicas. Por el contrario, solemos denominar macroevolución al cambio mucho más patente que origina especies y taxones superiores, como géneros y familias.

El modo en que una y otra se relacionan o no es un campo de discusión abierto en la biología evolutiva. Mientras que algunos partidarios del gradualismo neodarwinista afirman que la macroevolución no es más que una microevolución continuada y que las grandes diferencias entre taxones de alto rango son el resultado de infinitud de pequeños cambios acumulados a lo largo de larguísimos períodos de tiempo, otros especialistas opinan que los mecanismos que rigen una y otra no tienen porqué ser los mismos y ofrecen explicaciones alternativas a la selección gradual, como la simbiogénesis o las formulaciones más duras del equilibrio puntuado.

Esta discusión, científicamente legítima y enriquecedora, es prostituida por creacionistas y otros fanáticos para reconocer la existencia de una microevolución como hecho probado -algo que no molesta a sus creencias-, mientras niegan la existencia de macroevolución bajo el pretexto de que no existe ninguna prueba de que este fenómeno ocurra realmente, consistiendo únicamente en elucubraciones de los “evolucionistas” que la defienden.

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Normalmente, definimos razonamiento como el proceso que permite alcanzar una conclusión conectando ideas. Es un proceso sumamente complejo, donde intervienen multitud de factores, como la lógica y el conocimiento, pero también las emociones, los gustos o los cánones sociales.

Siendo generalista, y utilizando la definición anterior, podemos encontrar tipos muy diferentes de razonamientos, por ejemplo:

– Todos los humanos son mamíferos. Pedro es humano. Por lo tanto, Pedro es mamífero.

– Hoy está muy nubado. Hoy lloverá.

– Estas manzanas son peores que aquellas más caras. Voy a comprar las baratas y así ahorro dinero.

– Estas manzanas son muy caras y aquellas muy baratas. No compro ninguna.

Podemos detectar que no se trata del mismo tipo de razonamiento, aunque todos son razonamientos válidos, incluso a pesar de que unos nos parezcan más “lógicos”que otros.

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Muy a menudo, para descalificar algunas teorías científicas controvertidas se utilizan frases como “es sólo una teoría” o “después de tanto tiempo, sigue siendo una teoría, no se ha conseguido probarla”. Esto es un grave error que se produce por el desconocimiento de lo que significa “teoría científica” y por su confusión con la palabra “hipótesis” o, incluso, “conjetura”. Sin embargo, no se trata de términos sinónimos, ni mucho menos. Es muy común que algunas palabras no signifiquen exactamente lo mismo en el lenguaje común y en el lenguaje de una determinada disciplina -científica o no- como ocurre en este caso.

En ocasiones, algunos movimientos usan esta confusión de forma manipulativa para desacreditar ante su público con poca o nula cultura científica los conocimientos que atentan contra sus intereses. Por ejemplo, es muy común escuchárselo a oradores creacionistas que, con un discurso populista, utilizan el argumento para hacer creer que la evolución de las especies es una mera conjetura.

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