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Posts Tagged ‘Pseudociencias’

El origen de la vida constituye una incógnita que ha atraido al ser humano desde los principios de la historia. Desde la Grecia clásica, los naturalistas se han preguntado por cómo la vida apareció sobre la Tierra. Desde la generación espontánea, defendida por Aristóteles fue considerada hasta bien entrado el siglo XIX, conviviendo con la idea de la creación divina.

A partir de los años 20 del pasado siglo, el bioquímico ruso Alexander Oparin estableció las bases de la que vendría a sustituir a la ya rechazada generación espontánea: el origen de la vida a partir de la síntesis abiótica de moléculas orgánicas. A partir de entonces, la comprobación experimental de que este proceso podría haberse desarrollado en condiciones similares a las de la tierra primitiva (cuyo precursor fue Stanley Miller en los años 50), llevó a la aceptación mayoritara de la abiogénesis como posible proceso del inicio de la vida en nuestro planeta hace unos 4.000 millones de años.

No obstante, una idea que también proviene de antiguo plantea la posibilidad de que las semillas de la vida se encuentren dispersas por todo el universo, siento éstas mucho más abundantes de lo que tradicionalmente hemos creído. Así, la vida en la Tierra se habría originado por la llegada de material procedente del espacio (posiblemente a bordo de cometas o meteoritos) portadores de estas moléculas orgánicas primigenias. Esta teoría, para la que Ritcher acuñó en 1865 el término de Panspermia, ha tenido importantes seguidores, y se ve cada vez más apoyada -al menos en su versión débil- por datos observacionales como el recientemente publicado descubrimiento por un equipo español, de moléculas clave para la formación de la vida.

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En numerosas discusiones sobre homeopatía, al preguntar acerca de las bases científicas de la misma, los partidarios de esta disciplina suelen argumentar que no puede ser abordada bajo el método científico, dado que se basa en un conjunto de paradigmas alejados de los conocimientos actuales y para los cuales no son indicados los estudios clínicos y pruebas a doble ciego tradicionales.

Así es fácil encontrar afirmaciones como “que no se conozca no demuestra que no exista”, o “tampoco puede probarse la existencia de Dios”. Lógicamente, cualquier discusión racional resulta imposible cuando uno se refugia en explicaciones misteriosas y desconocidas como la “fuerza vital del individuo” o la “energía del medicamento”.

Esto no es exclusivo de la doctrina homeopática, otras disciplinas sanadoras utilizan el mismo tipo de argumentos sobrenaturales: la acupuntura, las flores de bach, el reiki o el feng shui acuden también a energías, armonías e influencias de diversos objetos que nunca han podido comprobarse.

Hasta aquí, nada fuera de lo normal, si no existiera una empecinada voluntad en algunos partidarios de la homeopatía por afirmar que esta disciplina es una ciencia como cualquier otra. Tales despropositos, que en la sociedad en la que vivimos suelen aceptarse si se insiste lo suficiente, nos han llevado a situaciones tan paradójicas como la existencia de un “Máster en homeopatía” en alguna universidad española o a la pretensión de que esta técnica sanatoria sea cubierta por la seguridad social (algo ya conseguido en algunos países). Por supuesto, como suele ocurrir en estos casos, exigiendo siempre un trato “especial”, dado que sólo somos ciencia para lo que nos conviene, y de esta forma, las asociaciones de homeópatas han pedido al ministerio que sus medicamentos sean tratados de forma menos estricta que los tradicionales para poder ser comercializados, es decir, que no sea necesario demostrar que funcionan ni paguen tantos impuestos.

Todo esto viene porque el otro día me invitaron a visitar una web donde se “demuestra” que la homeopatía es una ciencia. La página no difiere demasiado de cualquier otra sobre pseudociencias, fantasmas u ovnis. Lo que llama la atención es precisamente el título: “La Homeopatía ES ciencia“. Parece que basta con afirmarlo para que los acólitos lo crean a pies juntillas. Pues no señores, al menos lo que ustedes argumentan en esa página no es ciencia, sino pura magia y fantasía.

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El origen de la astrología es multicultural, ya que parece haber surgido de forma independiente en varias civilizaciones como la Babilonica, la Egipcia, la China o la Maya. A partir del siglo V a.c. se extendió por la Grecia clásica donde se combinaron los sistemas babilónico y egipcio, manteníendose prácticamente indistinguible de la astronomía hasta el siglo XVI, donde los postulados de Copérnico y Galileo, principalmente, marcaron el inicio de su declive y de su separación de la astronomía científica.

Estos orígenes, y su escasa evolución posterior explican muchos conceptos arcaicos que aún se emplean en la astrología contemporanea, totalmente obsoletos al compararlos con los conocimientos físicos y astronómicos actuales. Así ocurre, por ejemplo, con la atribución de los signos zodiacales a un elemento como el aire, la tierra, el agua y el fuego, que corresponden a los elementos griegos de la antigüedad, o la asignación de verdaderas «personalidades» a las constelaciones, astros y planetas, originadas en la antigua concepción de divinidad para el cielo y las estrellas, así como su identificación con determinados dioses en aquellos sitemas politeístas.

Hoy día podríamos recordar la astrología como una de tantas disciplinas que, a pesar de acabar siendo descartadas por la incorrección de sus bases teóricas, contribuyeron a forjar los orígienes del conocimiento científico tal y como hicieron otras disciplinas antiguas como la alquimia o la medicina hipocrática. Sin embargo, cuando en pleno siglo XXI se gastan millones de euros anuales en horóscopos, predicciones y cartas astrales y cuando presidentes de países poderosos consultan a astrólogos y adivinos para aconsejarse en política internacional, deberíamos preguntarnos a que se debe que una concepción del universo y de la vida humana tan comprobadamente falsa siga teniendo una aceptación popular tan importante.

Y aunque todo esto pueda parecernos simplemente anecdótico, al comprobar que según datos de 1999, el 41% de los jóvenes españoles cree en la astrología y el horóscopo, más que a una anécdota parece que nos enfrentamos a un serio problema educacional. Por otro lado, algunos astrólogos con aspiraciones más ambiciosas pretenden que la astrología sea considerada una nueva ciencia, incluso acuñando términos como «astronología» para indicar su íntima relación de igualdad con la astronomía.

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Via Ocurrencias habituales, leo que el blog “Los chemtrails no existen” sufrió un cierre cautelar (aunque durante muy poco tiempo) debido a denuncias de los creyentes en las fumigaciones clandestinas llamadas chemtrails.

A grosso modo, los chemtrails son supuestas fumigaciones que se realizan mediante aviones y que son orquestadas por los poderes ocultos que controlan el planeta para diversos fines, eso ya dependiendo de las características de cada grupo conspiranoico. Algunos opinan que se trata de fumigar con productos químicos que manipulan la mente y así tener a los ciudadanos controlados, otros, como los que han pretendio cerrar el blog mencionado, afirman que estas fumigaciones pretenden elevar la temperatura del planeta y así justificar el gran negocio del “cambio climático”.

Un caso más de conspiranoia pseudocientífica, pero que viene a confirmar lo que comentábamos hace poco en el caso de la plataforma “homeopatía sí“: uno de los aspectos que tienen en común muchos seguidores de pseudociencias es que mientras con una cara critican el ser censurados y acallados por los poderes en la sombra que controlan la opinión “oficial”, erigiéndose en paladines de la libertad de expresión, la mentalidad abierta y la rebelión ante la “opinión única”, con la otra utilizan los mismos métodos que critican, no permitiendo ninguna crítica a sus tesis carentes de toda base racional.

Prueba de esto es el caso que nos ocupa, donde los mismos elementos que han pedido el cierre del blog racionalista, mantienen un foro donde no puede nadie registrarse si no es por invitación, y donde se lee, entre otras joyas, el siguiente párrafo en su FAQ, todo un ejemplo de respeto a la libertad de expresión:

¿Por qué no está permitido cuestionar la existencia de las fumigaciones?

A lo largo de años, las fumigaciones se han hecho tan evidentes que es absurdo el debate sobre su existencia. Es más, suele corresponder a ocultadores que desean que sigan ocultas bajo la idea de vapor de agua, idea que no se sustenta más. No hace falta análisis de laboratorio ni investigaciones científicas millonarias para demostrar que están fumigando nuestro cielo. Esto es lo que los ocultadores piden constantemente, a sabiendas que el mismo sistema de ciencia oficial lo controlan ellos, y es multimillonario, por lo que humildes trabajadores jamás podrían vencer por ese lado. En este foro se prohibe cuestionar la existencia o no de los chemtrails así como enlaces, referencias o debates sobre su existencia. Todo aquel que inicie un debate de este tipo será baneado del foro.


Vamos, toda una declaración de intenciones sobre libertad de expresión, objetividad, seriedad y espíritu crítico.

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Cualquier persona que haya discutido con un creyente en homeopatía, habrá comprobado que las críticas más habituales hacia la comunidad científica en general y a la denominada “medicina oficial” en particular, se basan en tres ejes fundamentales:

1. Existe un lobby alopático al que no le interesan otras opiniones, las grandes empresas farmacéuticas son las que pagan para mantener el pensamiento único y preservar su negocio.

2. Las revistas científicas censuran la publicación de estudios homeopáticos, por lo que no pueden mostrarse como los estudios “oficiales”, patrocinados por los fabricantes de medicamentos alopáticos.

3. Esto hace que la homeopatía y sus medicamentos no estén en igualdad de condiciones que la medicina “tradicional”, a pesar de que funciona igual o mejor que ésta.

No es mi intención debatir estas tesis conspiranoicas, al menos en este artículo. El motivo de mencionar estos aspectos es que ayer visité una página web de la denominada “Plataforma Homeopatía Sí“, en la que curiosamente concurren, en muy poco espacio, estos tres defectos que siempre esgrimen ante la ciencia “oficial”:

1′. La iniciativa está patrocinada por una multinacional farmacéutica (homeopática, eso sí).

2′. A pesar de que la página dispone de una sección de comentarios -los cuales no son publicados inmediatamente, sino que deben ser previamente aprobados por los adminsitradores-, para incluir un comentario es preciso firmar apoyando la iniciativa (si, si, como suena).

3′. Lo que se pretende con la recogida de firmas es evitar la orden ministerial que origina, textualmente “unas tasas desorbitadas para los medicamentos homeopáticos, se niega la posibilidad de incorporar innovaciones farmacéuticas y, en definitiva, no se tiene en cuenta la especificidad de estos medicamentos.” Es decir, que los medicamentos homeopáticos no sean tratados como los demás.

Curiosa forma de mantener la coherencia y de evitar lo que tanto se critica de la medicina alopática.

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La homeopatía fue desarrollada por el médico alemán Samuel Hahnemann en 1796. A pesar de no tener base científica alguna, es una medicina alternativa con relativa popularidad en la actualidad, siendo incluso financiada por algunos sistemas de seguridad social. Sin embargo, no es aceptada por la comunidad científica, siendo calificada de pseudociencia por la mayor parte de científicos y epistemólogos.

La homeopatía se basa en dos principios generales, el de similitud y el de dilución. El principio de similitud afirma que “lo similar se cura con lo similar” y postula que los efectos de una sustancia tóxica pueden ser curados mediante un medicamento preparado a partir de la propia sustancia que originó la enfermedad. El principio de dilución afirma que la sustancia activa debe ser altamente diluida para aumentar su eficacia.

Aunque esta es una presentación muy simplista de la homeopatía -en realidad se basa en concepciones filosóficas de la enfermedad, como su origen espiritual-, lo que nos interesa es su metodología de “curación”, dado que es lo que demuestra no solamente que no se trata de una disciplina científica, sino que es un procedimiento totalmente inocuo, indiferenciable de un efecto placebo.

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A pesar de que lo comentado en el artículo anterior basta para evidenciar algo, por otra parte obvio, como es la falta de cualquier criterio científico en las doctrinas creacionistas, puede resultar interesante analizar lo que algunos autores han definico como características comunes a todas las pseudociencias. Comprobaremos así si el creacionismo disfrazado de Diseño Inteligente es algo especial o merece compartir revistas con los perseguidores del Monstruo del Lago Ness.

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