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Posts Tagged ‘antievolucionismo’

El jefe científico del ministerio de Educación Israelí, el Dr. Gavriel Avital, ha provocado un escándalo esta semana al cuestionar la fiabilidad de la evolución y del calentamiento global. Según sus propias palabras, “si los libros de texto enseñan de manera explícita que el origen del ser humano se encuentra en los monos, me gustaría que se enseñara a los estudiantes a seguir y valorar otras opiniones. Hay muchas personas que no creen que la evolución sea la explicación correcta“.

Las reacciones no se han hecho esperar. Hava Yablonka, de la Universidad de Tel Aviv, declaró al periódico Haaretz que las declaraciones de Avital son equvalentesa decir que “en astronomía, los libros de texto deben mostrar la opinión de que la tierra es plana y el sol gira a su alrededor”. Lia Ettinger, biólogo del Centro Heschel de medio Ambiente en Tel Aviv pidió la dimisión de Avital, comentando que “dada la naturaleza de la ciencia, no existe nunca un consenso absoluto y estas diverencias nos acercan al conocimiento de la verdad. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con las declaraciones de Avital. Desde esa postura, no puede promover el tipo de educación necesaria pra un medio ambiene sostenible“. Otros destacados científicos israelitas, como Yehoshua Kolodny o Jonathan Erez, se han sumado a las protestas contra las polémicas declaraciones.

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Hay conceptos que tienen cierto «duende» que impide que los olvidemos aún cuando están marcadamente caducos. Expresiones como «surgió por generación espontánea» o «tiene muy buen paladar para el vino», se han convertido con el tiempo en tópicos generalizados, a pesar de que la generación espontánea no exista y en el paladar no haya papilas gustativas. Sin embargo, siguen utilizándose contínuamente, muchas veces como dudosa tradición y otras, aunque parezca mentira, por verdadera ignorancia.

Uno de estos tópicos es el famoso «eslabón perdido», que también ha llegado hasta nuestros días. Cuando Darwin publicó el Origen de las Especies en 1859, muchos de sus seguidores -especialmente Thomas Huxley- comenzaron a aplicar la teoría de la selección natural a la evolución humana, tema al que Sir Charles dedicó un libro algunos años después: «La ascendencia del hombre» (1871). En aquellos años, prácticamente no se conocían fósiles de homínidos, a excepción de algunos restos de neandertal sin identificar descubiertos en 1856.

Los críticos de la época a las teorías de Darwin exigieron como prueba la presentación de fósiles transicionales entre el hombre y el simio y, ante su ausencia, acuñaron el término “eslabón perdido” para hacer referencia a lo que calificaron como una laguna insalvable en la nueva teoría.

El asunto no era exactamente como lo planteaban los antievolucionistas decimonónicos, dado que los fósiles transicionales no constituían un error, sino una predicción de la teoría darwinista, es decir, si ésta era válida, deberían aparecer formas de transición no solamente en la línea evolutiva humana, sino la del resto de las especies.

Y, ni más ni menos, esto es lo que ocurrió, dotando a la teoría evolutiva de tal fuerza que, junto con otras muchas evidencias, hacen que hoy día la evolución sea considerada un hecho probado más allá de toda duda razonable.

Sin embargo, el concepto de «eslabón perdido» perdura en boca de multitud de artículos periodísticos y en círculos fundamentalistas partidarios del diseño inteligente (creacionismo).

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En un artículo anterior comentábamos que la Teoría Sintética de la Evolución supuso una importantísima unificación de conceptos, aunando la teoría de evolución mediante selección natural de Darwin y Wallace con los recientes avances en el campo de la genética. Durante las siguientes décadas se sucedieron nuevos descubrimientos que condujeron a algunas nuevas teorías sobre variación y ritmo evolutivo, las cuales fueron en muchos casos incorporadas al corpus de la síntesis evolutiva -no sin cierto uso de «calzador» en varias ocasiones-, como ocurrió con la mayor parte de la teoría de equilibrio puntuado de Elredge y Gould o el origen simbiótico de la célula eucariota de Margullis.

Hoy día, cuando sabemos que el funcionamiento del material hereditario dista mucho de reducirse a los postulados de Mendel, cuando hemos descubierto formas en otro tiempo inimaginables de transmisión de genes entre distintas especies, cuando el registro fósil nos muestra unas discontinuidades que no se deben a lo incompleto del mismo, sino que parecen ser la norma general, cuando hemos comprobado que compartimos paquetes enteros de genes con especies tan distantes como los dípteros o los anélidos y cuando nuestra biblioteca genética se ha mostrado al menos un orden de magnitud más reducida de lo que pensábamos y sorprendentemente similar al resto de vertebrados e incluso invertebrados, quizá a la nueva síntesis le empieza a sobrar el apelativo de “nueva”, mientras se impone una reestructuración del cuerpo general de la teoría.

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Tanto la transferencia horizontal de genes como la endosimbiosis describen sistemas para producir variabilidad diferentes a las mutaciones al azar. Por otro lado, el equilibrio puntuado transforma el gradualismo tradicional en un ritmo evolutivo discontinuo y la existencia de genes reguladores de diferentes cateogorías explica como una mutación simple en uno de ellos puede producir efectos mucho más notorios y localmente diferenciados que lo que la concepción neodarwinista predice.

Sin embargo, analizando en profundidad esta nuevas aportaciones, no podemos decir que alguna de ellas ofrezca una alternativa al principal mecanismo selector de la variabilidad, la selección natural. Independientemente de como se generen las nuevas formas, ¿que es lo que hace un genoma vírico incorporado al ADN huesped se propague por la población? ¿que marca el éxito evolutivo de una u otra simbiosis? ¿que selecciona, entre la multitud de nuevas formas que produce una inestabilidad evolutiva o entre las múltiples expresiones provocadas por la mutación en un pequeño número de genes reguladores?

Quizá la propuesta más seria para desbancar a la selección natural como filtro principal de la variabilidad producida, aunque exclusivamente a nivel molecular, sea el neutralismo del biomatemático japonés Motoo Kimura. Sin embargo, la novedad del neutralismo no consiste en la formulación de un nuevo proceso selectivo, sino de la justificación matemática de la deriva genética como motor principal de la evolución molecular, frente a una selección natural que solo actuaría de forma secundaria.

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Se creía que en la regulación de los genes de los organismos complejos sólo intervenían proteínas. Sin embargo, un sistema regulador hasta ahora desconocido, basado en el ARN, podría encerrar las claves del desarrollo y la evolución
John S. Mattíck, 2004

Quedan ya muy lejos aquellos tiempos en los que el concepto de “un gen, una proteína” nos simplificó considerablemente la comprensión de la genética. Daba igual que no supiéramos concretamente el gen que codificaba para determinado carácter, podíamos imaginar una porción concreta de ADN para explicar casi cualquier transmisión hereditaria de rasgos variables. Esto, unido a las ya conocidas mutaciones, supuso una base práctica fundamental para entender la fuente de variabilidad heredable de todos los organismos.

El redescubrimiento de las leyes de Mendel en los albores del siglo XX, la subsiguiente teoría cromosómica del la herencia y el posterior descubrimiento de la estructura molecular del ADN ya mediado el siglo, permitieron no solamente definir teóricamente el concepto de gen, sino también ubicarlo material y estructuralmente.

Y eso a pesar de que no todo encajaba con aquellos primeros guisantes amarillos y verdes. Había rasgos que no seguían la predicción de esta genética simplificadora. Algunos caracteres se heredaban y manifestaban de forma diferente en machos y hembras, y aprendimos los conceptos de herencia ligada al sexo. Otros no seguían una distribución ajustada a la teoría, y calificamos de “herencia no mendeliana” a un heterogéneo conjunto de caracteres que parecían estar controlados por varios genes simultáneamente. También descubrimos que existían genes fuera de los cromosomas o, mejor dicho, que existían otros cromosomas además de los nucleares, y el ADN mitocondrial se convirtió en otro factor de variación con unas leyes de herencia diferentes.

Las consecuencias del concepto de gen para la teoría evolutiva fueron inmensas, permitiendo comprender como una pequeña mutación puntual podía alterarlo y generar así una proteína anómala, originando una variabilidad que podía ser seleccionada por el medio de forma muy lenta y gradual. No hay que olvidar que las bases biológicas de esta variación, así como su mecanismo de herencia supusieron la mayor laguna en la teoría original darwinista. De hecho, Darwin llegó a adoptar la teoría de la pangénesis hipocrática para intentar superar el escollo (Darwin, 1868; Olby, 1963).

Sin embargo, los desconcertantes descubrimientos de los últimos años y especialmente los desprendidos de la secuenciación de los genomas completos de diferentes organismos -incluyendo el humano-, no solo han llevado a desechar definitivamente aquella cómoda idea de correspondencia biunívoca entre un gen y una proteína, sino que hacen que hoy nos estemos replanteando las bases mismas de la variabilidad genética.

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La transferencia horizontal de genes (HGT, por sus siglas en inglés) consiste en la transmisión del genoma o parte de éste de un organismo a otro que no forma parte de su descendencia. Por el contrario, el tipo de transferencia habitual, o transferencia vertical de genes, es la que se da desde un ancestro a su descendencia, como ocurre por ejemplo en la reproducción sexual.

Desde hace tiempo se conoce la importancia del proceso de HGT en procariotas, como en el caso de la conjugación bacteriana, descubierto a mediados del siglo pasado, en la que una célula transfiere información genética a otra diferente con la mediación de plásmidos. Estos procesos son muy importantes como fuente de variación genética, equivalentes en cierto modo a la recombinación cromosómica de los organismos con reproducción sexual. Sin embargo, la HGTen bacterias iría más allá, dado que también se produce transferencia genética entre especies alejadas filogenéticamente, lo cual permite la formación de genomas extraordinariamente heterogéneos y dinámicos.

Sin embargo, en los últimos años se han acumulado evidencias de que este proceso puede ser mucho más generalizado de lo que se pensaba en un principio, no estando reducido a ciertos tipos de bacterias. La transferencia horizontal de genes parece haber tenido una gran importancia en todos los grupos de seres vivos, incluyendo plantas superiores y animales, al menos en las primeras etapas de la evolución. Hoy sabemos que gran parte del genoma humano está constituido por ADN vírico, incorporado al material genético de la célula.

El papel de la HGT en la evolución es uno de los puntos más activos de discusión en biología evolutiva. Desde aquellos que la consideran una fuente más de variación genética, hasta algunos investigadores que creen que nos hallamos ante un nuevo paradigma biológico, que no se limitaría a completar la nueva síntesis evolutiva, sino incluso a sustituirla en buena parte.

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Fuente: ABC Periódico Electrónico S.A. 03/07/2008

Autor: Santiago Grisolía (Bioquímico)

Hace ahora 150 años, en junio de 1858, Darwin recibió una carta de Alfred Russel Wallace, naturalista que trabajaba en la lejana Malasia, en la que exponía sus ideas sobre la evolución, coincidentes con las del propio Darwin, quien había estado pensando durante muchos años, y escribiendo notas sobre el tema. Como consecuencia, sus amigos el geólogo Lyell y el botánico Hooker, se apresuraron a leer, ante la Linnean Society, el 1 de julio, las propuestas tanto de Wallace como de Darwin e instaron a este último a escribir febrilmente. Es de señalar que no pudieron estar presentes ni Wallace, por encontrarse aún en Indonesia, ni Darwin que estaba enterrando a uno de sus hijos. En 1859 se publicó “El origen de las especies”, que tuvo un éxito inmediato.

Hace poco tiempo, el profesor Giorgio Bernardi, presidente de la Stazione Zoológica Anton Dohrn de Nápoles, me comentó su propósito de organizar una gran reunión en mayo de 2009, conmemorando este hecho y sugirió la posibilidad de que hiciésemos una reunión satélite en Valencia. Con este motivo, mis amigos José Mª López Piñero y el actual compañero del Consejo Valenciano de Cultura, Vicente Muñoz Puelles, me comentaron el hecho de que 50 años después de la publicación del libro de Darwin, los estudiantes de la Facultad de Medicina de Valencia, realizaron una serie de reuniones de gran categoría.

Vicente Muñoz Puelles me hizo conocer un libro de mucho interés, “El centenario del nacimiento de Darwin”, y desde luego los discursos de algunos miembros de la Facultad de Medicina, empezando por su rector Bartual, y su colega el rector Unamuno, son de interés, pero especialmente los de Peregrín Casanova, en cuyo nombre se da un premio anual a los estudiantes de Medicina, y los de Gil y Morte, que dejó toda su fortuna a la Facultad de Medicina. Ya entonces, mucho antes de la publicación de “El origen de las especies”, un número de religiosos de diversas corrientes empezaron a criticar agriamente las ideas de Darwin, empezando con el encuentro melodramático del obispo de Oxford y Thomas Huxley y el famoso “juicio del mono”; por ejemplo la Semana Católica del 7 de febrero de 1909, decía “homenaje al diablo” o el Universo de Madrid del 5 de febrero de 1909 “una universidad prostituida” y, desde luego, se cebaron con el congreso organizado por los estudiantes de medicina valencianos.

Darwin temía el efecto que sus descubrimientos podrían tener. En 1842, cuando escribió un primer resumen de 35 páginas que después aumentó a unas 250, que depositó con una cantidad de dinero y con instrucciones para su esposa para que fuese publicado después de muerto. Su esposa Emma era devota cristiana. En una carta que ella le escribió antes de casarse, le suplicaba que abandonase su manía de “no creerse nada hasta que esté demostrado”. Darwin escribió en el sobre: “Cuando esté muerto quiero que sepas cuántas veces la ha besado y he llorado sobre ella”.

Recientemente ha empezado un nuevo ataque contra el darwinismo, así por ejemplo el ciclo de conferencias con el título “Lo que Darwin no sabía”, por miembros de la Asociación Estadounidense de Médicos y Cirujanos por la Integridad Científica, con la idea de introducir, en foros de debates y universidades españolas, esta idea que se intentó presentar en conferencias en Barcelona, Málaga, Madrid, Vigo y León. Así no es de extrañar que con el desarrollo del nuevo darwinismo y del conocimiento genético, y el gran impacto de la genética humana, hayan florecido unos nuevos creacionistas, que no son nuevos sino que se han cambiado el nombre y han pasado a llamarse Miembros del Diseño Inteligente, que empezó su andadura hacia el año 1993 con fondos de fundamentalistas. Por todo ello, la Comisión de Ciencias, del Consejo Valenciano de Cultura, está interesada en realizar un encuentro que recuerde aquellos estudiantes y profesores valencianos de hace 99 años, y esclarecer y afirmar la importancia y la veracidad del evolucionismo.

La Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos ha aclarado recientemente que “las observaciones y experimentos de los últimos 150 años han reforzado la idea de la evolución como principio organizador de la biología moderna”. Esta institución aboga porque se prohiba el creacionismo en las clases. “No enseñamos astrología como una alternativa a la astronomía”, dijo el profesor de la Universidad de California Francisco Ayala, miembro de la Academia.

En los colegios privados protestantes se suele enseñar el creacionismo sin más. En los católicos se opta mayoritariamente por la evolución, aclarando que Dios dotó al hombre de alma y le permitió evolucionar. De hecho, el Papa Juan Pablo II reconoció en 1996 que la evolución es «más que una hipótesis». Pero volviendo a Félix de Azara. Siendo teniente coronel de Ingenieros, en mayo de 1746, recibió órdenes para ir a América del Sur y delimitar adecuadamente las fronteras de aquellas regiones. Tardó veinte años en regresar.

Félix de Azara, gran trabajador, se dedicó a estudiar la naturaleza. Se atrevió a corregir al gran naturalista Buffon y describió muchas nuevas especies. Sus estudios fueron publicados y traducidos al francés y se le reconoció su valía. Al parecer, Darwin conoció su valioso trabajo y cómo Wallace se anticipó a Darwin al plantear la evolución de las especies.

En el Herald Tribune de los días 21 y 22 de junio, un artículo de Paul Spencer viene a decir que Darwin no se portó muy bien con Wallace, aunque yo lo que sé sobre ellos es todo lo contrario, pero desde luego en «El origen de las especies» no menciona a Félix de Azara. No obstante, la idea de la evolución originalmente no fue sólo de ellos sino de muchos, ya el mismo abuelo de Darwin había escrito algo sobre este tema, e incluso en 1840 Robert Chambers escribió el libro “Vestigios de la historia natural de la creación”, en el que unos 20 años antes de Darwin, Chambers ya presentaba una idea general del Cosmos y del hombre, al que atribuyó ser descendiente del mono, lo que provocó una especie de revolución y las primeras críticas religiosas. Aunque Wallace y Darwin conocían este libro y lo criticaron, lo que verdaderamente convenció a los dos fueron las ideas de Malthus.

El mes pasado, Richard Conniff escribió un excelente y bien documentado artículo en el Smithsonian, que recomiendo.

Como dije al principio, yo descubrí la labor de Azara, un hombre liberal, tal es así que se negó a aceptar una valiosa condecoración y fue retratado por Goya. Como he dicho muchas veces, la ciencia española ha sido y es mejor de lo que creemos. Gracias, Mónica.


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