He recibido muchos comentarios sobre el absurdo que supone demostrar la irracionalidad de relatos bíblicos, aduciendo que es algo que solo se explica mediante la fe en los milagros y, que ante tal justificación, no hay argumento posible.
Estoy de acuerdo. No tiene sentido enfrentar física cuántica al brazo incorrupto de Santa Teresa, al igual que la zoología no discute el unicornio de Blade Runer.
De igual forma, tampoco tendría sentido alguno el argumentar las razones físicas por las que un espiritista no puede levitar o un sanador curar el cáncer con las manos, ya que alegan manejar energías y planos de existencia inexplicables, indemostrables e infalsables.
Aún es menor la intención de este blog en demostrar la imposibilidad de una historia de ficción. Es más, hay historias de ficción que no solo entretienen, sino que enriquecen y educan.
El objetivo de este blog es diferente: se trata de rebatir aquellas fantásticas pretensiones de hacer pasar todas estas fábulas, fantasías o ficciones como hechos posibles y lógicamente explicables.
Discutimos, por lo tanto, no con los seguidores de Tolkien, sino con aquellos que pretenden incluir prácticas de curanderismo en la seguridad social o la historia del diluvio en las clases de conocimiento del medio, aduciendo que son “una alternativa” a la medicina tradicional o a la paleontología, igual de válidas y apoyadas por el mismo tipo de investigaciones y pruebas que las que ofrece la ciencia “oficial”.
La intención de este blog es contribuir, por poco que sea, para que estos charlatanes no nos hagan retroceder hacia las tinieblas, abandonando la razón y abrazando el mito, sustituyendo el conocimiento y la cultura que nos hacen libres por el temor, el dogma y la superstición, que nos atan con las cadenas más fuertes puedan encontrarse: las cadenas de la ignorancia.
