En biología evolutiva existen muchos aspectos mal entendidos por el público no especialista, siendo uno de los más patentes el del concepto de azar en relación con la evolución de las especies. Hace ya unos cuandos años, en 1981, el astrofísico Fred Hoyle argumentó que la probabilidad de que la evolución creara el mundo viviente por casualidad es como creer que “un tornado pasando por un depósito de chatarra podría armar un avión Boeing 747 a partir de los materiales que haya allí”.
Y el bueno de Hoyle tenía razón. De lo que no tenía ni idea, sin embargo, era de biología evolutiva. La evolución no funciona al azar, ni el ADN ni los seres vivos se han formado por azar, y la crítica de que no puede surgir un sistema complejo por un cúmulo altamente improbable de casualidades solo denota una total falta de comprensión de los mecanismos evolutivos.



