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Darwin y el concepto de azar

4 febrero 2009 por J.M.

La publicación de “El Origen de las Especies” supuso una nueva forma de entender la evolución biológica. A pesar de que existe un mito muy común que atribuye a Darwin la idea de evolución, ésta ya se encontraba bastante asentada en muchos naturalistas de la época, entre los que sin duda destacó Jean-Baptiste de Lamarck (1744-1829), que desarrolló todo un sistema explicativo para el proceso evolutivo, el de la herencia de los caracteres adquiridos. Prueba de esta aceptación de la evolución -aunque únicamente fuera a nivel científco- es que otro naturalista, Alfred Russel Wallace (1823-1913), desarrolló prácticamente la misma teoría sobre selección natural de forma independiente y simultánea. Este tipo de coincidencias es frecuente cuando el estado del conocimiento sobre un tema está lo suficientemente maduro.

Lo que supuso una verdadera revolución, y constituyó uno de los aspectos peor entendidos y más criticados de la nueva teoría, fue la substitución de cualquier tipo de predeterminación y finalidad en la variación de los organismos por el concepto de variación al azar. Sin embargo, al igual que con otros aspectos de su teoría, Darwin fue muy cauto a la hora de exponerlo, temeroso como era de enfrentarse demasiado a la opinión generalizada de la época.

A pesar de que hoy día se simplifica diciendo que Darwin estableció que las “mutaciones se producen al azar”, en su obra original no encontramos literalmente la palabra “azar” y mucho menos referencia alguna a “mutación”, concepto desconocido para la época. El naturalista hablaba simplemente de variación o modificación, indicando que ésta se producía en todas las direcciones, pudiendo ser tanto beneficiosa para el individuo como perjudicial o inocua. Es la selección natural, operando en cada ambiente particular, la que filtra aquellas “alteraciones” beneficiosas, mientras deshecha las perjudiciales y no surte ningún efecto con las inocuas.

Variabilidad por alteraciones al azar

Ya hemos comentado que Darwin era muy temeroso hacia las posibles críticas a su teoría, lo cual le llevó no solamente a retrasar muchos años la publicación de su obra principal, sino a explicar repetida y muy prudentemente cada uno de los nuevos conceptos. De hecho, “El Origen de las Especies” debería haber sido muchísmo más extenso, únicamente el apremio que supuso la comunicación de Wallace por la que le hacía partícipe de sus conclusiones similares espoléo a Darwin a publicar una versión resumida de la obra.

Los orígenes de la variación observada no fueron una excepción a esa prudencia, llegando incluso a presentar ciertas incoherencias a lo largo de su exposición. Esto le llevó a no descartar prácticamente ningún medio de variación, desde la acción directa del ambiente, hasta la herencia de los caracteres adquiridos. Así, en una de las primeras referencias a las causas de variación, escribe:

Los naturalistas contínuamente aluden a a condiciones exteriores, tales como clima, alimento, etc., como la sola causa posible de variación. En un sentido limitado, como veremos después, puede esto ser verdad; pero es absurdo atribuir a causas puramente externas la estructura, por ejemplo del pájaro carpintero, con sus patas, cola, pico y lengua tan admirablemente adaptados para capturar insectos bajo las cortezas de los árboles

“El Origen de las Especies”, pag. 43

Más adelante, contempla aún más posibilidades para la producción de variación en los organismos, resultando un resumen algo confuso y que repite en varias ocasiones a lo largo de los primeros capítulos:

La variabilidad está regida por muchas leyes desconocidas, de las cuales la del crecimiento correlativo es probablemente la más importante. Algo -cuánto, no lo sabemos- puede atribuirse a la acción determinada de las condiciones de vida. Algún efecto -quizá grande- puede atribuirse al creciente uso o desuso de los diversos órganos. El resultado final se hace así infinitamente complejo. En muchos casos, el cruzamiento de especies primitivamente distintas parece haber representado un papel importante en el origen de nuestras razas.

“El Origen de las Especies”, pag. 86

Sin embargo, el conjunto de la obra se articula sobre el filtro que supone la selección natural sobre una variación sin determinar y producida de forma azarosa, aunque Darwin siempre prefiere utilizar un subterfugio más diplomático, que es recurrir a la idea de que las causas de la variación son tantas, tan complejas y tan desconocidas, que pueden considerarse como casuales:

Hasta aquí he hablado algunas veces como si las variaciones, tan comunes en los seres orgánicos en domesticidad, y en menor grado en los que se hallan en estado natural, fuesen debidas a la casualidad. Esto, por supuesto, es una expresión completamente incorrecta, pero sirve para confesar francamente nuestra ignorancia de las causas de cada variación particular.

“El Origen de las Especies”, pag. 199

Para que la teoría de la selección natural tenga sentido, Darwin necesita una variacion que aporte todo tipo de alteraciones en cualquier dirección posible y tanto útiles, como dañinas o inocuas. Ante otro panorama forjado mediante variación determinada, tendencias intrínsecas a la complejidad, herencia de caracteres adquiridos, etc., la selección natural no podría representar ninguna fuerza evolutiva. Consciente de ello, aborda implícitamente el concepto de variación al azar mediante dos ideas fundamentales: en primer lugar, la de que al producirse muchas variaciones, sería impensable que ninguna de ellas fuera beneficiosa (lo que presupone una variación multidireccional) y en segundo, el que a mayor tamaño de población y mayor extensión de tiempo, mayor probabilidad de aparición de alteraciones ventajosas (obviamente, esto únicamente tiene sentido si esa variación es contingente, dado que entonces la probabilidad de aparición de una alteración en determinada dirección es directamente proporcional al número de individuos, tanto de forma simultánea como a lo largo del tiempo).

Un gran número de individuos, por aumentar las probabilidades de la aparición de variedades ventajosas en un período dado, compensará una variabilidad menor en cada individuo, y, es, a mí parecer, un elemento importantísimo de éxito.

“El Origen de las Especies”, pag. 159

El transcurso del tiempo es sólo importante -y su importancia en este concepto es grande- en cuanto que da mayores probabilidades de que aparezcan variaciones ventajosas y de que sean seleccionadas, acumuladas y fijadas.

“El Origen de las Especies”, pag. 163

Si bajo condiciones variables de vida los seres orgánicos presentan diferencias individuales en casi todas las partes de su estructura- y esto es indiscutible- [...] sería un hecho el más extraordinario que no se hubiesen presentado nunca variaciones útiles a la prosperidad de cada ser, del mismo modo que se han presentado tantas variaciones útiles al hombre.

“El Origen de las Especies”, pag. 193

En puntos más específicos, y contrastando con las extensas disquisiciones teóricas sobre generalidades de la variación, Darwin introduce, desde el Capitulo I y de forma mucho más directa el concepto de azar, aunque siempre con cierto -podríamos llamar- temor, brevedad e incluso, con matizaciones posteriores para restar importancia al mismo:

[La habilidad de los horticultores] Ha consistido en cultivar siempre la variedad más renombrada, sembrando sus semillas, y cuando por casualidad apareció una variedad ligeramente mejor, en seleccionar ésta, y así progresivamente.

“El Origen de las Especies”, pag. 79

Simplemente, la suerte, como podemos llamarla, pudo hacer que una variedad difiriese en algún carácter de sus progenitores y que la descendencia de esta variedad difiera de ésta precisamente en el mismo carácter, aunque en grado mayor; pero esto solo no explicaría nunca una diferencia tan habitual y grande como la que existe entre las especies del mismo género.

“El Origen de las Especies”, pag. 169

En algunos casos, como después veremos, formas de organización inferior parece que se han conservado hasta hoy día por haber vivido en estaciones reducidas o peculiares, donde han estado sujetas a competencia menos severa y donde su escaso número ha retardado la casualidad de que hayan surgido variaciones favorables.

“El Origen de las Especies”, pag. 189

La acción directa del cambio de condiciones conduce a resultados definidos e indefinidos. En este último caso, el organismo parece hacerse plástico, y tenemos una gran variabilidad fluctuante.

“El Origen de las Especies”, pag. 200

…todas las variaciones espontáneas en la dirección debida se conservarán de este modo, como se conservarán los individuos que hereden en mayor grado los efectos del uso creciente y ventajoso de alguna parte. Cuanto haya que atribuir en cada caso particular a los efectos del uso y cuanto a la selección natural, parece imposible decidirlo.

[...]

Esto puede atribuirse, en parte, al principio de la correlación de crecimiento, y, en parte, a la llamada variación espontánea.

“El Origen de las Especies”, pag. 318

Respecto a los numerosos insectos que imitan a diversos objetos, no hay nada de improbable en la creencia de que una semejanza accidental con algún objeto común fue, en cada caso, la base para la labor de la selección natural, perfeccionada después por la conservación accidental de ligeras variaciones que hiciesen la semejanza mucho mayor; y esto habrá proseguido mientras el insecto continuase variando y mientras una semejanza, cada vez más perfecta, le permitiese escapar de enemigos dotados de vista penetrante.

“El Origen de las Especies”, pag. 322-323

Pero, como las especies son más variables cuando están domesticadas o cultivadas que en sus condiciones naturales, no es probable que tales variaciones grandes y bruscas hayan ocurrido con frecuencia en la Naturaleza, como se sabe que surgen accidentalmente en domesticidad.

“El Origen de las Especies”, pag. 336

La variación al azar produce variedades no azarosas

Desde la aparición de “El Origen de las Especies”, se ha malinterpretado frecuentemente esta variabilidad al azar. La falta de comprensión del mecanismo completo propuesto por Darwin hace que desde el mismo día de su publicación se haya empleado, como crítica al darwinismo, que la casualidad no puede producir formas tan complejas como un ojo o un colibrí.

Pero Darwin no afirmó tal cosa en ningún momento, es más, puntualizó lo contrario en numerosas ocasiones. El azar (o la “casualidad” como decía el naturalista) no produce variedades ni especies, sino simples alteraciones, generalmente pequeñas y sin dirección ni sentido alguno. Es la selección natural, trabajando sobre este abanico de variaciones, la que a modo de tamiz filtra las que representan una ventaja para el individuo. Es decir, el azar únicamente provee la materia prima, en bruto y sin ninguna utilidad predeterminada. Si, y solo si, alguna de estas alteraciones resulta beneficiosa, será entonces fijada por la selección natural. Por lo tanto, el proceso por el que evoluciona una nueva forma no sería un conjunto aleatorio de tiradas al azar, sino una larga selección de los resultados más convenientes.

el ganado vacuno short-horn y el de Hereford, los caballos de carrera y de tiro, las diferentes razas de palomas, etc., no pudo efectuarse en modo alguno por la simple acumulación casual de variaciones semejantes durante muchas generaciones sucesivas [...] Las primeras diferencias serían pequeñísimas; pero en el transcurso del tiempo, por la selección continuada de caballos más veloces en un caso, y más fuertes en otro, las diferencias se harían mayores y se distinguirían como formando dos sub-razas. Por último, después de siglos, estas dos sub-razas llegarían a convertirse en dos razas distintas y bien establecidas.

“El Origen de las Especies”, pag. 169-170

En esto consiste una de las grandes innovaciones de la teoría de Charles Darwin: aún sin saber cómo podían generarse, y menos aún cómo podían heredarse, intuyó genialmente que la variación se debía producir de alguna forma -o combinación de formas- que, dada su complejidad, resultaran multidireccionales, impredecibles e indeterminables o, lo que es lo mismo, azarosas. De esta forma, a pesar de las contínuas matizaciones y los frecuentes rodeos, destruía definitivamente las ideas de predeterminismo en la naturaleza y la tanto tiempo aceptada tendencia ascendente hacia la pefección, encarnada en su máxima expresión por el ser humano.

Referencias

Todas las citas de “El Origen de las Especies” corresponden a la edición de 1982 de Editorial Bruguera, de la traducción realizada por Ediciones Grujalbo en 1957.

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Escrito en Ciencia, Creacionismo | Etiquetado alteraciones, azar, casualidad, darwin, darwinismo, evolución, mutaciones, selección natural, variabilidad, variación, variedades | 28 comentarios

28 comentarios

  1. en 5 febrero 2009 a 14:20 KC

    Parece que algun@s tienen “azarofobia”, cuando, curiosamente y en muchas ocasiones, el azar es materia de fondo o base de muchos devenires…

    Por hacer un rápido paralelismo, el póquer es un juego de azar en el que siempre ganan los más “listos”… Stu Ungar ganó 3 campeonatos del Mundo de un juego que muchos tienen como únicamente “azaroso”. La cuestión es que el azar es algo que uno puede poner a su favor o en su contra… Siempre habrá algo más poderoso que el azar: la inteligencia. Aunque últimamente no se haga mucho uso de ella.

    Saludos.


  2. en 5 febrero 2009 a 14:22 KC

    Por cierto, sobre Stu Ungar, en su día:

    Mike Sexton, uno de los popes del periodismo especializado en poker diagnostica: “No existe un jugador que calcule más rápido que Ungar. Nadie tiene mucha idea de lo que es la mente de ese tipo. Sólo puedo decir que su coeficiente intelectual está por encima de casi cualquier genio”. La única vez que programaron una computadora para que le ganara al gin rummy, la hizo entrar en cortocircuito (“La puta máquina parecía tener espasmos. Estaba histérica. Sólo sabía calcular, y con eso no alcanza”, se ríe Ungar). Después de jugar, puede reproducir sus partidos casi a la perfección, durante años. Y su capacidad de cálculo con las cartas es tal que tiene prohibido jugar en todos los casinos de Las Vegas.


  3. en 15 febrero 2009 a 16:26 centauro94

    “Siempre habrá algo más poderoso que el azar: la inteligencia. Aunque últimamente no se haga mucho uso de ella”

    Al parecer así es pero

    Siempre? define “siempre” según tú; yo definiré inteligencia, pues no te refieres a inteligencia sino a sabiduría, pues inteligencia hasta donde sé, es “facilidad de aprender”


  4. en 15 febrero 2009 a 19:21 Darío

    ¡ZAZ!

    Centaurito acaba de llegar.


  5. en 15 febrero 2009 a 19:40 KC

    Siempre: sin excepción.

    Para tener sabiduría, el primer paso es tener inteligencia.

    Saludos.


  6. en 18 febrero 2009 a 23:13 Alfonso FR

    Resulta muy conveniente que dedique un artículo completo al azar, como antítesis de la selección deliberada (efectuada bajo el libre albedrío), que es precisamente la característica que se atribuye a la deificada selección natural. En mi humilde opinión, sólamente llegaremos a compremeder el mecanismo de la selección natural cuando comprendamos el fenómeno de la emergencia de la consciencia en el universo inerte. La consciencia es un atributo que poseen al menos algunos seres superiores y que forma parte de la naturaleza. Por tanto el azar debería contener la posibilidad, aunque remota, de que emerja la consciencia de una de sus innumerables tiradas de dados. De ello se concluye que el azar y la selección deliberada no son opuestos, sino que uno contiene a la otra.


  7. en 19 febrero 2009 a 8:36 J.M.Hernández

    Hola Alfonso,

    No entiendo demasiado bien tu comentario. La selección natural nunca ha sido caracterizada como una selección deliberada. Únicamente consiste en que aquellas variaciones que en un lugar y en un momento dado resultan ventajosas, prevalecen frente a otras que lo son menos. Pero no hay ninguna deliberación en ello, es más: algo que hoy y aquí es ventajoso (y por lo tanto seleccionado), mañana o en otro lugar puede ser desventajoso si cambian las condiciones del medio.

    Y con el azar tampoco hay que comerse mucho la cabeza, simplemente llamamos azar a aquellos fenómenos que no podemos predecir porque no conocemos todas las variables de partida o, en otro sentido, la coincidencia espaciotemporal de dos sucesos independientes. Es un concepto sin más filosofías, al menos en biología.

    Saludos.


  8. en 19 febrero 2009 a 8:48 Alfonso FR

    Considera el concepto “ventaja”. El que algo sea mejor o peor para un determinado fin lleva implícitos los conceptos “bueno”, “malo” y “fin” o “destino”. Una ventaja sólo se puede apreciar desde un punto de vista consciente y está por tanto indisolublemente unida a la consciencia. Solamente un ser consciente puede apreciar lo que es ventajoso para un fin determinado por él mismo. El resto es deriva genética. Si uno quiere explicar el universo mediante un principio absoluto o tautológico, debe erradicar por completo del azar, por propia definición del determinismo.


  9. en 19 febrero 2009 a 10:19 J.M.Hernández

    No, no, en absouluto. Cuando hablamos de ventaja adaptativa no introducimos ningún factor subjetivo de “bueno”, ni “malo” ni mucho menos “fin”. Una ventaja en este sentido es simplemente cualquier factor que otorga al individuo una mayor ventaja reproductora. Y esto es independiente de cualquier evaluación, apreciación o valoración externa. Una bacteria que soporta una mayor temperatura tiene una ventaja en ambientes más cálidos, independientemente de que haya o no un ser consciente que aprecie la adaptación.

    Saludos.


  10. en 19 febrero 2009 a 11:07 Alfonso FR

    Un ejemplo:
    Dos mutaciones diferentes en una bacteria provocan lo siguiente:
    A) La población bacteriana mantiene un crecimiento exponencial durante un año y luego muere de inanición al acabar con todos los recursos nutrientes.
    B) La mutación produce una tasa de reproducción de un individuo adicional al día, pero la población se mantiene durante siglos.
    ¿Qué factor proporciona una mayor ventaja reproductora? Depende del fin: si el fin es lograr la mayor tasa reproductiva, el caso A es mejor. Si es lograr la supervivencia de la especie, lo es el caso B. Puedes derivar ejemplos más complejos de este caso simplificado. Aquí encontramos el concepto de fin, que es nuestro sesgo en la medida, como observadores del fenómeno evolutivo.


  11. en 19 febrero 2009 a 22:28 Dario

    Percibo un cierto aire a “diseño inteligente” en el ambiente.


  12. en 20 febrero 2009 a 8:24 J.M.Hernández

    El error, Alfonso, está en que introduces un factor teleológico que no existe en la selección natural. Ésta no es una entidad que pueda planificar que será mejor dentro de un tiempo. Únicamente filtra en cada momento puntual. Ten en cuenta que la selección natural solamente es un proceso, la reproducción diferencial de cada organismo. No puede prever, no puede planificar, y no puede perseguir ningún fin, al igual que no puede hacerlo la gravedad o el magnetismo, simplemente se producen, aunque en ocasiones tengan consecuencias nefastas.

    La ventaja o desventaja que aporta cada mutación no puede ser evaluada a largo plazo (eso podemos hacerlo nosotros, no un proceso ciego y puntual). Por lo tanto, en el ejemplo que pones es previsible que la población A se multiplique -incluso acabe con la B- y cuando agote los recursos, se extinga.

    Y, de hecho, experimentalmente es lo que podemos comprobar que ocurre en estos casos.

    Saludos.


  13. en 20 febrero 2009 a 9:15 Alfonso FR

    No creo que la selección natural se deba circunscribir solamente a la reproducción de un organismo. Hay varios factores que considerar: lo difusa que es la forntera entre lo que es un organismo y lo que no lo es, como por ejemplo en los virus y las colonias de pólipos. Por otra parte, el considerar que las ventajas evolutivas son solamente ventajas reproductivas diferenciales me parece muy cortoplacista. La selección opera en muchos más momentos y lugares que en el mero instante de la reproduccción. Respecto al ejemplo, obviamente las dos colonias se sitúan en entornos separados, por lo que ninguna de las dos podría engullir a la otra, aunque ha tenido gracia :)


  14. en 20 febrero 2009 a 13:41 J.M.Hernández

    No es que la selección natural se limite al momento de la reproducción, sino que la selección tiene como consecuencia una mayor o menor tasa reproductiva (según sea selección positiva o negativa, respectivamente).

    Será cortoplacista, pero como no otorgue ventajas reproductivas, ya puede ser maravillosa la adaptación, que tiene los días contados.

    Y con respecto al ejemplo, si las dos mutaciones están aisladas en poblaciones independientes, no hay nada que seleccionar ;-)

    Saludos.


  15. en 1 marzo 2009 a 16:17 Manuel

    Hola, aquellos que opinen que la “ciencia de la creación” y el diseño inteligente son una ciencia que debe de ser enseñada en las escuelas y que tiene entidad propia que va más allá de una simple pataleta frente a la evolución puede intentar demostrarlo contestando a alguna de las preguntas en http://oldearth.wordpress.com/2009/02/25/el-modelo-creacionista-a-examen/ y http://oldearth.wordpress.com/2009/03/01/el-diseno-inteligente-a-examen/

    Saludos


  16. en 10 marzo 2009 a 9:31 greenfuzz22

    Nuestro diseño no es ningún accidente
    Escrito cerca: Bruce Malone

    Las características rudimentarias son esas partes de un organismo, que son probablemente inútiles o necesitadas no más. El tailbone humano se refiere comúnmente sea tal característica. Las características rudimentarias se enseñan para ser de sobra de antepasados del ’ un s del organismo pues se ha desarrollado a una nueva manera de vida.

    La idea de características rudimentarias se ha utilizado como evidencia para la evolución desde 1859 en que Darwin primero propuso que tales características fueran evidencia de la pendiente de un organismo totalmente diverso. La consecuencia lógica de esta transformación alegada es que dejarán las “nuevas” criaturas con algunas características, que se necesitan no más en su nuevo lugar ambiental.

    La creencia en la evolución exige que creamos que cada tipo de animal en la tierra es un resultado de la pendiente de una cierta forma de vida anterior. Si éste era el caso, casi cada criatura debe tener muchas características de sobra, que se necesitan no más.

    Con todo cuanto más que aprendemos sobre biología, más descubrimos que cada parte de un organismo servimos una cierta función útil. Por ejemplo, el apéndice se dice a menudo para ser una parte de sobra inútil del cuerpo humano.

    Sabemos que el apéndice sirve como tipo de tejido linfático en los primeros meses de la vida a la enfermedad de la lucha. Es no más una característica inútil que uno de sus pulmones es inútil apenas porque usted puede sobrevivir con solamente un pulmón.

    La aceptación de la idea que algunas partes del cuerpo humano sean sobras inútiles ha tenido consecuencias muy trágicas. De acuerdo con el concepto equivocado que los dos puntos humanos eran un vestigio del pasado, sir Guillermo Land y las docenas de otros cirujanos pelaron los dos puntos de millares de pacientes para “para curar” una variedad de síntomas.

    Muchos murieron. Tan tarde como los años 60 mucha gente hizo sus amígdalas quitar. Esta práctica fue aprovisionada de combustible otra vez por la creencia equivocada que las amígdalas eran una característica de sobra inútil a partir de nuestro pasado. Ahora se sabe que sirven como función importante de la lucha de la enfermedad y no deben ser quitadas.

    Hay características rudimentarias verdaderas como los ojos ocultos de los salamanders de la cueva. Los salamanders ocultos tienen ojos no funcionales porque viven sus vidas enteras en oscuridad total.

    En alguna vez en el pasado, los salamanders normales encontraron que un lugar en las cuevas oscuras y al parecer solamente las que se transformaron a la ceguera tenía una necesidad de permanecer en la oscuridad total donde podrían competir para la existencia sin la ceguera que era una desventaja.

    Sin embargo, estos salamanders siguen siendo salamanders, una mutación a la ceguera es apenas una mejora ascendente en complejidad, y no se ha agregado ninguna nueva información a la DNA del salamander.

    En cuanto a la cuestión del tailbone humano, los anatomistas nos dicen que el tailbone sirve una función muy importante en la fisiología humana.

    El coxis (tailbone) es el punto de la inserción de varios músculos y ligamentos incluyendo el que permite que camine el hombre totalmente verticalmente.

    Sin un tailbone, la gente no podría caminar de una manera totalmente vertical, bailar un ballet, realizar la gimnasia, o dar un paseo abajo de la calle con su brazo alrededor de su esposo. ¡Una característica apenas inútil, de sobra, rudimentaria!

    El cuerpo humano se diseña para la flexibilidad máxima. Es lejos más versátil que el cuerpo de cualquier otra criatura. Qué el otro animal puede realizar la gama de movimiento requerida para las actividades tan diversas como hielo-patinando, salto, esquí, y gimnasia de la perla. Esta gama de movimiento sería imposible sin el tailbone.

    En resumen, la evolución predice que debe haber características de sobra mientras que un organismo da vuelta en otro. La creación predice que aunque hayan degenerado algunas formas de vida y uso perdido de una función original, cada parte de un organismo fue diseñada para responder a un cierto propósito primario o de reserva útil. Pues aprendemos más sobre la biología de organismos vivos, incluyendo nosotros mismos, es fácilmente evidente que la teoría cabe los datos.


  17. en 10 marzo 2009 a 9:44 Manuel

    Greenfuzz22 esta debe ser la vigésima vez que veo este texto. ¿Cuándo fue escrito, en 1950?. Va siendo hora de irse renovando. En fin, como todo texto creacionista, una parte cierta y otra mal interpretada. La evolución no dice que los órganos vestigiales no deban tener función, lo que dice es que proceden de otros que cumplen una función diferente en su ancestro. Por cierto, ¿para que sirven los músculos que tenemos tras la orejas y que a algunas personas todavía les sirve para moverlas ligeramente?. Bueno, eso es otro tema.

    La creación tampoco predice que que aunque hayan degenerado algunas formas de vida y uso perdido de una función original, cada parte de un organismo fue diseñada para responder a un cierto propósito primario o de reserva útil. El libro de cabecera de la creación es el Génesis, ¿en qué versículo está lo que cuentas?. ¿O quizás se esté haciendo una interpretación de una literalidad?. Bonito oxímoron.

    En fin, la próxima vez trae alguna prueba científica de la creación, basada en experimentos. que ya va siendo hora que os pongais a trabajar.

    Saludos


  18. en 10 marzo 2009 a 20:53 J.M.Hernández

    Manuel, estos no responden, solo van copiando y pegando folletos patéticos como antes los repartían por las casas…

    Saludos.


  19. en 10 marzo 2009 a 21:03 Darío

    ¿TRABAJAR?

    ¿PENSAR?

    ¿Qué te pasa, Manuel?


  20. en 10 marzo 2009 a 21:49 JACS

    Greenfuf, ¿ese que idioma es?

    “Los salamanders, el tailbone humano, no más”.

    Ja, ja, ja, ja, ja, ja.


  21. en 6 junio 2009 a 11:01 vicen

    Yo creo que Darwin manifiesta la gran complejidad del sistema pero en ningun caso atribuye al azar función alguna sobre el origen de los cambios. Que el resultado final tiene un punto de suerte, de acuerdo; también lo tiene el resultado de un partido de futbol, pero el origen de los cambios responde a un criterio.


  22. en 6 junio 2009 a 14:55 Cnidus

    Vincen, Darwin sabía que los seres vivos cambiaban en múltiples direcciones al mismo tiempo, siendo la Selección Natural el agente que permite que solo unas pocas de esas direcciones serán viables en esas condiciones.

    Vino después, con el descubrimiento del material genético, las Leyes de Mendel, la replicación del material genético y sus errores de replicación lo que, no se si la palabra “corroborar” sería la más apropiada, lo que reafirmó que los cambios se suceden en múltiples direcciones sin “elegir” una en particular.

    El origen de los cambios son fenómenos materiales, mera bioquímica, pero de modo análogo a la desintegración atómica, podemos predecir la tasa de cambio, pero es muy difícil decir donde se va a dar ese cambio y en el caso del material genético, la magnitud y naturaleza del mismo.

    Un saludo!


  23. en 6 junio 2009 a 22:39 J.M.Hernández

    En cualquier caso, la idea es precisamente la que indicas, Cnidus. El origen de los cambios (las mutaciones), las podemos considerar al azar dada nuestra incapacidad de predecirlas. Sin embargo, el proceso selectivo (y por lo tanto el evolutivo) no es al azar, dado que la selección natural filtra entre todas ellas las adecuadas.

    Saludos.


  24. en 9 junio 2009 a 0:43 ¿Juega la evolución a los dados? « ¿Qué me estás contando?

    [...] en algunos otros artículos el concepto de azar en los procesos evolutivos, e incluso en la propia obra de Darwin. Sin embargo, creo que no está de más profundizar en un aspecto que, a pesar de ser un concepto [...]


  25. en 30 junio 2009 a 4:03 Eduardo Blasina

    Tener una estrategia k, que implique una moderada tasa reproductiva, puede ser más estable que tener una estrategia r, altamente replicante. Es claramente la situación del ser humano, como en el ejemplo de las bacterias, si la población humana sigue aumentando a gran ritmo, muy probablemente talemos todas las selvas, entremos en caos climático y pongamos nuestra permanencia en el torrente evolutivo muy en peligro.
    Esto no implica teleología, sino que hay diferentes estrategias. Replicarse más no siempre es lo mejor, y en nuestro caso, todo lo contrario.
    El azar finalmente tuvo más importancia que la que el propio Darwin suponía, claro que el no tenía ni pistas de la biología molecular que, gracias a él, disfrutamos hoy.


  26. en 30 junio 2009 a 7:43 J.M.Hernández

    Hola Eduardo,

    Por eso pienso que el tipo de estrategia (k o r) está bastante ligado a la complejidad del organismo (aunque no de forma inexorable). No obstante, el desarrollo de una u otra estrategia no creo que tenga nada que ver con las posibles consecuencias. Una especie no “sabe” si va a agotar los recursos o va a acabar con el planeta, y en su evolución son condicionantes que no entran en juego.

    Y también, cierto lo del desconocimiento de Darwin de la biología molecular. Lo que no pudo explicar y era su gran escollo, fueron los procesos que producían esa variabilidad, quizá por eso la palabra “azar” aparece tan pocas veces en su obra.

    Saludos.


  27. en 1 julio 2009 a 15:34 Eduardo Blasina

    De acuerdo, aunque si hay una especie que sabe que va a agotar los recursos y posiblemente a acabar el planeta, el Homo sapiens. Si miras los datos demográficos, a mayor PBI, más k estrategas nos hacemos, algo vinculado a la mejora en los niveles educativos. El asunto es si llegaremos a tiempo.
    Otra cuestión es si existe el azar o es simplemente el nombre para lo que no sabemos predecir.
    Excelente tu blog, un placer recorrerlo. Saludos desde Montevideo.


  28. en 1 julio 2009 a 16:30 J.M.Hernández

    Pues cierto lo del ser humano, somos la única especie capaz de predecir (y alterar, espero) el futuro. El gran problema es que cuanto más k somos, más recursos consumimos (otra excepción en toda regla). Como dices, esperemos llegar a modificar nuestra particular estrategia a tiempo, incluyendo un desarrollo sostenible y solidario con esa gran parte del mundo que aún no tiene estrategia alguna, solo hambre.

    Con lo del azar pienso exactamente igual que tú. Creo que la mayor parte las veces llamamos azar a aquello que no somos capaces de predecir.

    Sin embargo, el concepto de azar definido como “dos hechos independientes que coinciden en el tiempo” iría algo más allá. Por ejemplo, el que nos mate un rayo puede denominarse como un fenómeno al azar, dado que hay dos hechos independientes (no relacionados): el punto de caida del rayo y nuestra ubicación espacial. Uno no es consecuencia del otro y, a pesar de poder llegar a predecirlos si conocemos todas las variables, el hecho de que nos mate el rayo seguiría siendo azar.

    Otra pregunta peliaguda sería sin embargo ¿todos los fenómenos físicos son susceptibles de ser predecidos?, que tiene tela.

    Gracias a tí por contribuir ;-)

    Saludos desde Madrid.



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